La MS-13 es más sanguinaria fuera de Los Ángeles

Ronal abrió su corazón ante un grupo de extraños, unos 30 adolescentes que –así como él– llegaron hace poco a Los Ángeles y han aprendido a sacudirse las burlas en la escuela por no hablar inglés. Este hondureño de 17 años compartió que el primer día en este país no reconoció al hombre que le dio la vida. “¿Es ese mi padre?”, dice que le preguntó a su madre en el aeropuerto. No lo había visto desde que era un bebé.

En 2017, este muchacho salió de su comunidad para reencontrarse con su familia. Pero también porque temía que los pandilleros cumplieran sus amenazas de matarlo si no se unía a ellos. “Me buscaban la MS (Mara Salvatrucha) y la (Barrio) 18. Nunca quise entrar. Por eso me vine con mi hermano mayor. Nos amenazaron que si no entrábamos nos iban a matar y ellos cumplen”, dijo en una entrevista con Univision Noticias.

El coordinador de esa charla en la que habló el joven es Alex Sánchez, un expandillero de la MS-13 en Los Ángeles que después de sanar de cuatro balazos, se borró los tatuajes y fundó una organización civil dedicada a rescatar a muchachos que andan en malos pasos. “A veces las pandillas, las drogas y el alcohol son una alternativa para enfrentar los problemas”, explicó el activista a los estudiantes. “Venimos huyendo de nuestros países y tenemos que cuidarnos de las pandillas aquí también”.

Sánchez es el responsable de que unos 500 adolescentes, la gran mayoría centroamericanos inscritos en escuelas plagadas de pandillas, se hayan reunido en   una convención anual en la cual les dieron talleres sobre el choque cultural y otros temas. También les brindaron asesoría legal y escucharon un concierto.

El trabajo comunitario de Sánchez es solo parte de la estrategia preventiva que se implementa en Los Ángeles desde hace varios años para reducir la violencia relacionada con las bandas callejeras. Aquí hay incluso una oficina en el Ayuntamiento creada para “reducir” el pandillerismo y dispone de un presupuesto anual de $25 millones para ayudar a las víctimas de tiroteos y evitar venganzas.

Con ese fin también se han diseñado programas preventivos que incluyen comprar más de 15,000 armas de fuego desde hace una década, tener una red de 120 “pacificadores” que dialogan con las bandas para evitar asesinatos y realizar actividades nocturnas en parques en zonas golpeadas por la delincuencia.

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